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Las palabras que salían de mi lapicera eran rancias y oscuras, escribía y rompía, pensaba que lo mejor era tirar la lapicera en el cajón de cosas inútiles, hasta empecé a tartamudear. Hablando por teléfono con Tiantian yo hacía lo posible por evitar los adjetivos, me limitaba a las construcciones sujeto más verbo más complemento y las oraciones imperativas, tales como "No me consueles" o "Por favor tortúrame".
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